Contra Filbinger

Davant la jubilació
THOMAS BERNHARD
★★★☆☆
Krystian Lupa firma una magnífica dirección de actores en la sátira
de Bernhard contra el nazismo institucional y sociológico de la RFA.

No hay comentarios

República Federal de Alemania, 1978. La anécdota es real: Claus Peymann, amigo de Thomas Bernhard y director del teatro estatal de Stuttgart, es destituido por Hans Filbinger, gobernador del Land y líder nacional de la democracia cristiana. El motivo: la supuesta colaboración de Peymann con la Fracción del Ejército Rojo, un grupo terrorista de extrema izquierda. Meses después estalla el escándalo Filbinger: unos documentos prueban el pasado nazi del líder democristiano. Bernhard ve la prueba flagrante de lo que siempre ha denunciado: el nazismo larvado en la Alemania democrática. Su respuesta es Ante la jubilación. Comedia del alma alemana (1979), una sátira de la familia Höller, como quien dice de la gran familia teutona. Rudolf, el hermano mayor, es un Filbinger de ficción: un antiguo oficial de los campos de concentración a punto de jubilarse como juez de la democracia que intentó derribar. Mantiene una relación incestuosa con su hermana Vera, furibunda base del nazismo sociológico. Pero enfrente tienen a Clara, la hermana pequeña, antifascista declarada y parapléjica por una bomba americana de la II Guerra Mundial. Clara es indudablemente Peymann: la izquierda demócrata acusada de terrorismo por el antiguo terrorismo de Estado. Y por si todo eso fuera poco, es 7 de octubre, el aniversario de Heinrich Himmler, organizador de los campos nazis e ídolo de Rudolf, que ansía llegar a casa para colgar la toga, engalanarse con cruces gamadas y brindar por Auschwitz.

…estalla el escándalo Filbinger: unos documentos prueban el pasado nazi del líder democristiano. La respuesta de Bernhard es Ante la jubilación…

La sátira de Bernhard es ambiciosa, pero acaba saturada de su propia visceralidad. El escándalo Filbinger no era para menos pero, teatralmente, tres horas de función se acaban haciendo largas para una diatriba tan amparada en el tópico. Bernhard compite en la memoria con retratos brillantes de la sórdida intimidad del nazismo, como La caída de los dioses (1969) de Visconti o El portero de noche (1974) de Cavani, por no decir con el monumento antifascista de la Shoah (1985) de Lanzmann. Frente a todo eso, el álbum familiar de los Höller sobre Auschwitz y su ácida caricatura vacacional, el repaso estadístico de las cifras del Holocausto, la didáctica efeméride himmleriana, el satírico planchado del traje de preso, etc., son referencias tan graves como manidas que a menudo convierten a los Höller, y sobre todo a Vera, en personajes-pie-de-página (la etiqueta es de Sanchis Sinisterra): bustos parlantes con dejo enciclopédico. Es el doble filo de Bernhard: la lúcida introspección psicológica de sus novelas se difumina cuando echa espumarajos políticos por la boca de sus criaturas escénicas, volviendo prolijo y demasiado evidente un alegato que se hubiera podido resolver con menos.

Bernhard compite en la memoria con retratos brillantes de la sórdida intimidad del nazismo, como La caída de los dioses (1969) o El portero de noche (1974)…

Krystian Lupa firma una gran dirección de actores, midiendo sabiamente el tempo de la pieza, sus implícitos y sus silencios, y sólo saca los pies del tiesto cuando impone a Marta Angelat alguna histriónica mueca. Pero los intérpretes son el gran activo de la función. Pep Cruz es un Rudolf temible y a la vez patético, mostrando la íntima debilidad del nazi provecto que, desprovisto del brío de su añorada juventud, combina impotencia moral y física, y sólo se afianza al empuñar su delirante fusil. Mercè Arànega como Vera tiene un sólido aire depravado cuando ataca a su hermana, a los judíos o la democracia, o cuando se pone incestuosamente melosa con su hermano mayor. Y Marta Angelat como Clara da un perfecto contrapunto, alternando la fragilidad y el miedo de quien se sabe en la boca del lobo con el digno arrebato antifascista o el mero sentido común.

La escenografía resulta a veces desconcertante. El comedor de los Höller, que domina realistamente la función, se va llenando de fantasmagóricas proyecciones de vídeo, grabadas o en directo, que duplican o desfasan los gestos de los actores con incierta función dramática. Pero la sorpresa llega al final del segundo acto, con las proyecciones de Rudolf en la ducha a ritmo de heavy metal, un impacto de decibelios de abstruso sentido escénico. Y no podía faltar, de colofón, la socorrida cita beethoveniana, aquí la marcha fúnebre de la Eroica, frecuente e injusta asociación de la épica romántica alemana con el nazismo. Quizá molesta especialmente en este caso porque esta marcha fúnebre pertenece a una sinfonía inicialmente dedicada a Napoleón, cuyo giro autocrático llevó a Beethoven a retirar la dedicatoria. Y el digno revés musical al autoritarismo acaba reducido a banda sonora de un homenaje privado nazi, por mucha sátira que le pongamos.

…no podía faltar la cita beethoveniana, aquí la marcha fúnebre de la Eroica, frecuente e injusta asociación de la épica romántica alemana con el nazismo.

Davant la jubilació, que el Lliure repone por aclamación popular después de dos años, tiene una indudable virtud: recordarnos, con dolorosa vigencia, que no se puede ser demócrata sin ser antifascista. El ejemplo sangrante fue el propio Filbinger, que desde las filas de la CDU lanzó su insólito argumento de descargo: “lo que fue justo entonces –dijo– no puede ser injusto ahora”. No le demos más vueltas: es el indignante autorretrato de un nazi impenitente. El problema es que, pasada la condena y la natural indignación, tenemos tres horas de teatro por delante. Y durante tres horas, Bernhard golpea a Filbinger como a un títere, haciendo escarnio de su trasunto de ficción, como si el nazismo fuera un mero extravío individual, y no el extravío colectivo que eligió a Hitler democráticamente para destruir la democracia desde dentro. Viendo a este Filbinger ficticio y este ácido retrato de época, todo demócrata compartirá las iras de Bernhard. Pero algunos demócratas de la platea añorarán el matiz y la concisión de alegatos antifascistas menos viscerales que éste.

DAVANT LA JUBILACIÓ
Duración ≈3h30 (2 entreactos) Género Drama Teatro Lliure de Gràcia
Idioma Catalán Fechas 07/02–03/03/2019 Precios 15–26€ Foto © Felipe Mena

Texto Thomas Bernhard
Traducción Eugeni Bou
Dirección Krystian Lupa
Ayudanta de dirección Paula Blanco
Intérprete del polaco Xavier Farré
Escenografía e iluminación Krystian Lupa
Ayudante de iluminación Jordi Thomàs
Técnico de iluminación Jordi Fuster
Vídeo y colaboración artística Lukasz Twarkowski
Ayudante de vídeo Martín Elena
Grabación de vídeos Nanouk Films
Espacio sonoro Roger Ábalos
Técnico de sonido Rober Ábalos
Piano Blanca Soler
Vestuario Piotr Skiba
Sastrería Caireta, Elisa Echegaray
Coordinación técnica Titín Custey
Regidora Maria Miralda
Producción ejecutiva Macarena García, Carmen Álvarez
Dirección de producción Josep Domènech
Ayudanta a la dirección de producción Clàudia Flores
Distribución Bitò
Coproducción Teatre Lliure, Temporada Alta – Festival de Tardor de Catalunya Girona/Salt

Reparto
MARTA ANGELAT – Clara
MERCÈ ARÀNEGA – Vera
PEP CRUZ – Rudolf

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s