La normalización del absurdo

Deliri a dos
EUGÈNE IONESCO
★★☆☆☆
Una comedia menor sobre el matrimonio y contra la
guerra, dirigida por Montse Bonet en clave de parodia naíf.

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Delirio a dúo (1962) es un Ionesco menor, pero con todos los ingredientes del mejor Ionesco. Una comedia del absurdo sobre el matrimonio, con encantadoras vueltas de tuerca a la monogamia como tumba del amor (“el marido era mejor que el amante”, se lamenta Ella) y reveses a las clases medias por su adicción al confort y a las trivialidades (el dilema de la tortuga y el caracol) que las conducen a un sinsentido perfecto: no entender ni a tu pareja ni el mundo alrededor. También hay sátira contra la guerra como esa incómoda costumbre humana que importuna a todo el mundo y que, incomprensiblemente, vuelve una y otra vez con sus previsibles maneras, como si nadie aprendiera nunca nada. Pero ni el humor ni la crítica política y de costumbres igualan al Ionesco de obras anteriores. Las riñas matrimoniales recuerdan a La cantante calva (1950), pero estamos lejos de la desternillante parodia a tumba abierta de los métodos de idiomas, y en cambio nos acercamos a las voladuras controladas de un humor más realista, por mucho que Ionesco se ría de la paz blanca y del equitativo reparto de muertos por bandos, con resabiado humor salomónico. Tampoco el antibelicismo de Delirio… tiene la profundidad ideológica y existencial de El rinoceronte (1959), su lirismo angustiado y frenético. En su conjunto, eso sí, Delirio… es una pieza bien ensamblada y muy de su tiempo, capaz de conectar a través de una pared las críticas a la guerra y al matrimonio que enrojecían el fondo del aire en los 1960, cuando se estrenó la obra.

Las riñas matrimoniales recuerdan a La cantante calva, pero estamos lejos de la desternillante parodia a tumba abierta de los métodos de idiomas…

Montse Bonet se ha atrevido con este pequeño Ionesco en la pequeña sala del Akadèmia. Una apuesta arriesgada porque invoca un gran nombre en uno de sus trabajos más discretos. El éxito depende de que leamos entre sus modestas líneas al Ionesco mayor, lo que a su vez depende de que captemos su finísimo sentido del absurdo, su equilibrio cómico-serio, sus hilarantes anacolutos pronunciados con rostro impasible o ceñudo. Y justo ahí renquea la función. No porque Òscar Intente y Montse Puga, como Él y Ella, anden faltos de registros, sino porque Bonet los entrega a un clown sin reservas, convirtiendo el  amargo sarcasmo de Ionesco en una parodia naíf y risueña, donde los adultos hacen pucheros, aniñan sus voces y se ríen de sus frases mientras las dicen. Y así es como el espectador se encuentra una carcajada ya dada, y empatiza por cortesía con esta gruñona pareja que en el fondo se quiere y no acaba de insultarse en serio. Estamos muy lejos del siniestro total de Ionesco, del matrimonio abismado en su ombligo y abstraído de la sociedad hasta niveles autodestructivos.

Bonet también elimina sorprendentes activos de la escenografía y el texto. Es una lástima que, en la escena final, no aparezcan los cuerpos decapitados por la guillotina, que Ionesco describía como pies y cabezas colgando del techo, en una poderosa y lúgubre imagen que culminaba el humor negrísimo y político de la pieza. También desaparece el personaje de uno de los vecinos, justamente el que se jactaba de hacer turismo en lugares en guerra, coronando la frivolidad de las clases medias europeas, su espectacularización de las peores crudezas, reducidas al absurdo del ocio.

Es una lástima que, en la escena final, no aparezcan los cuerpos decapitados por la guillotina […] una poderosa y lúgubre imagen que culminaba el humor negrísimo y político de la pieza.

Este Delirio… no acaba de funcionar porque la parodia y el clown han normalizado su absurdo, porque los recortes de la escenografía y el texto embotan sus filos, alejando a Ionesco de su saludable temeridad, de la rebeldía que hacía aflorar el caos nuestro de cada día, desde las relaciones de pareja hasta las conflagraciones mundiales. Un absurdo que fue muy serio en su tiempo, que surgió en las vanguardias aledañas (Surrealismo, Dadá) a la Primera Guerra Mundial, y que Ionesco retomó después de la Segunda, sin necesidad de explicar sus absurdas carcajadas a un público que conocía en primera persona el absurdo de la guerra. Un delirio, en ese sentido, muy lógico, muy amargo y muy lúcido. Pero la agridulce razón de sus sinrazones se esfuma cuando intentamos domesticarlo, cuando cometemos el absurdo de normalizar el absurdo.

DELIRI A DOS
Duración ≈1h. Género Comedia del absurdo Idioma Catalán Teatro Akadèmia
Fechas 23/01–17/02/2019 Precios 9,8–22,8€ Foto © Maria Besora

Texto Eugène Ionesco
Traducción Lluís Hansen, Montse Bonet
Dirección Montse Bonet
Espacio escénico Bibiana Puigdefàbregas
Construcción de escenografía La Forja del Vallès
Vestuario Montse Garre
Espacio sonoro Enric Espinet
Iluminación Manel Melguizo
Producción BOJUM Teatre

Reparto
MONTSE BONET – Vecina
ÒSCAR INTENTE – Él
MONTSE PUGA – Ella
ÒSCAR ROMERA – Soldado

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