Una fantasía constructivista

Àngels a Amèrica
TONY KUSHNER
★★★☆☆

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1981 marcó un antes y un después. A principios de junio, los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos presentaban los síntomas de una desconocida infección que, un año más tarde, bautizarían como síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Seis meses antes llegaba Ronald Reagan a la Casa Blanca, arrastrando a la primera potencia mundial a la revolución conservadora de Margaret Thatcher. Unos hechos y otros eran independientes entre sí, pero acabarían enzarzándose en un conflictivo signo de época. Porque los primeros diagnósticos de SIDA afectaban sobre todo a homosexuales, que el conservadurismo rampante consideraba enfermos de por sí, y aún más si eran inmunodeficientes. Y eran esos conservadores los que habían aupado a Reagan al poder, institucionalizando su fundamentalismo cristiano y su visión homófoba de la pandemia. Desde la cresta de la reacción no era difícil confundir etiología y epidemiología, pensar que se tenía el SIDA por ser gay, y ver en la peste rosa un castigo divino al pecado nefando. Lamentablemente, el estigma venía de antes. Hasta 1974, la Asociación Americana de Psiquiatría había catalogado la homosexualidad como enfermedad mental, algo que la Organización Mundial de la Salud seguiría haciendo vergonzosamente hasta 1990. En la América de Reagan, los homosexuales no sólo sufrían un síndrome que, en verdad, amenazaba a toda la población, sino también un estigma social creciente, y un descuido institucional que hacía prohibitivos los antirretrovirales, mientras se disparaba el gasto militar para protegerse de una agonizante Unión Soviética.

De ese mundo de 1981 nos habla Tony Kushner en Ángeles en América. Y lo hace a rebufo de la actualidad, cuando Reagan acaba de abandonar la Casa Blanca y gobierna su vicepresidente, George Bush padre. Pero Kushner no busca el fresco historicista. Lanza una diatriba fantasiosa e irónica que es un alegato por los derechos civiles de los homosexuales. Quizá el subtítulo de Ángeles en América lo explique mejor: Una fantasía gay sobre temas nacionales. Un relato imaginativo en su crítica y en sus desiderata. Gay en el doble sentido de alegre y homosexual: una comedia del orgullo. Y con América como tema, la sociedad que venera y detesta a Reagan, lo que inevitablemente politiza la fantasía y oscurece la comedia. Ocurre con las alucinaciones de Prior, que no son sino la escenificación del Libro de Mormón que leen Joe y su madre: la visita del ángel Moroni al profeta Joseph Smith. Y ocurre con el turismo mental de Harper, que es una combinación de ansiolíticos y preocupación por la capa de ozono. Los ramalazos imaginativos de Kushner nos hablan de eso: del fundamentalismo cristiano, el cambio climático y la drogadicción de farmacia en la América de los 1980. Irónicamente, Kushner hace que las fantasías de inspiración divina y las psicotrópicas se encuentren, dialoguen e incluso se presten consejo.

David Selvas ha tenido el coraje de escenificar la monumental obra de Kushner, con su compleja fauna protagonista, sus tramas cruzadas y sus fantasías escénicas, que nos llevan de una sinagoga al Cielo pasando por Central Park. Siguiendo las notas de dirección de Kushner, Selvas ha compuesto una dramaturgia constructivista, mostrándonos los bastidores de la Sala Puigserver, sus mesas de camerino, y dejando un proscenio diáfano donde se solapan diálogos y escenas. Se trata de provocar el clásico distanciamiento brechtiano para hacer consciente al espectador de la tramoya. Y nada parece más legítimo que obedecer al autor y hacer cavilar al público. Pero cuando la obra pasa de las cuatro horas, la alusión constante a la faktura acaba resultando monótona y evidente. Y cuando las historias discurren por irónicos parajes como un Cielo sin Dios, parece una lástima renunciar al detalle escenográfico. En vez de eso tenemos una avalancha de diálogos sin atmósfera precisa, comprensibles pero demediados, que sólo el talento de los intérpretes salva de la atonía. Y el Reino de los Cielos se queda en una mortecina balconada con humo… Las apariciones del ángel, eso sí, son oportunamente majestuosas, un verdadero portento con cables visibles que reconcilia ilusión y distanciamiento. A medio camino está la enorme pantalla en lo alto, que a veces nos muestra una tópica bandera americana, a veces unas coloridas abstracciones figurativas que recuerdan a los pregenéricos de los 1980.

Las interpretaciones brillan con luz propia, empezando por el Prior de Joan Amargós, primus inter pares de esta pieza coral, un valiente gay seropositivo que Amargós llena de fragilidad física y fortaleza moral, metiéndonos en la conmovedora piel de su reivindicativo personaje. También el Louis de Joan Solé y el Joe de Eduardo Lloveras cumplen con nota, trabando los duelos más intensos de la función, donde se desatan las inquinas políticas y morales de la América confesional. Raquel Ferri como ángel está sencillamente espléndida, haciendo cabriolas mientras declama con graves de contralto sus ironías apocalípticas. Y Quim Àvila hace un magnífico Belize, aunque no sea negro (holgaban las disculpas), cantando y campeando por la escena con aplomada pluma y afiladas réplicas. Júlia Truyol, en cambio, reduce la inestabilidad de Harper a un excesivo tono de farsa, malbaratando la dignidad de este delicado personaje. Y los veteranos no decepcionan: Pere Arquillué compone un sólido y cínico Roy Cohn (colaborador del senador McCarthy y asesor del joven Donald Trump), y Vicky Peña es una severa matriarca Pitt, pero brilla sobre todo como Prelapsarianov, el antediluviano testigo de la Revolución rusa, que reniega de un mundo enamorado del cambio pero desprovisto de teorías. Y Prelapsarianov es sin duda el gran acierto de Selvas: haber conservado este guiño a la Guerra Fría que se cayó de la adaptación televisiva de la HBO, y que funciona como un imprescindible puntal (igual que el rabino) del amplio fresco ideológico de Kushner.

Ángeles en América es de esas ficciones lúcidas que no pretenden superar la realidad, sino explicar su locura. Porque las fantasías de Kushner no son más increíbles que una verdad revelada, una alucinación de farmacia o la estigmatización del otro contra toda evidencia científica. Por eso hay que aplaudir la mera programación de Ángeles en América. Porque nos habla de un pasado reciente del que somos herederos y que cada vez regresa con más fuerza. Porque nos disuade de abrazar dogmas pero nos recuerda la necesidad de tener teorías. Y es de agradecer también la fidelidad de Selvas a la dramaturgia de Kushner. Pero quizá hay que decir sin rebozo que un buen dramaturgo no es necesariamente un buen director, y que la recepción de una obra puede superar al original. Pienso obviamente en la adaptación de la HBO, una imaginativa avalancha de imágenes magistralmente dirigidas por Mike Nichols, con Kushner de nuevo al guion y un elenco de lujo. Comparando la pequeña pantalla con la gran escena, uno entiende que una fantasía con ángeles quizá no requería tanto énfasis en su obvio artificio. Y que una exageración brechtiana puede producir indeseados efectos de making-of. Y nada de esto es culpa de Selvas, que ha sido hiperbólicamente justo con Kushner. Pero podemos confesarnos sin culpa que no toda ilusión es necesariamente perversa, ni todo distanciamiento es necesariamente sesudo, ni los buenos dramaturgos son necesariamente buenos directores, y la recepción de una obra a veces ensombrece al original.

ÀNGELS A AMÈRICA
Duración ≈4h20 Género Comedia dramática Teatro Lliure de Montjuïc
Fechas 25/10–25/11/2018 Idioma Catalán Precios 7–30€ Foto © Felipe Mena

Traducción y adaptación Albert Arribas
Dirección David Selvas
Escenografía Max Glaenzel
Vestuario Maria Armengol, Clara Peluffo
Caracterización Ignasi Ruiz
Iluminación Mingo Albir
Sonido Damien Bazin
Vídeo Joan Rodon (dLux.pro)
Coreografía Pere Faura
Dirección de canto Pere Jou
Asesor de judaísmo David Stolen

Reparto
Prior Walter – JOAN AMARGÓS
Roy Cohn – PERE ARQUILLUÉ
Belize – QUIM ÀVILA
Sta. Fake, Ethel Rosenberg – CLÀUDIA BENITO
Emily (enfermera), ángel – RAQUEL FERRI
Joe Pitt, esquimal – EDUARDO LLOVERAS
Rabino, Hannah Pitt, Prelapsarianov – VICKY PEÑA
Dr. Henry, hombre del parque, Martin Heller – ÒSCAR RABADAN
Louis Ironson – JOAN SOLÉ
Harper Pitt – JÚLIA TRUYOL

En vídeo
CLÀUDIA BENITO
JOEL BRAMONA
LUA GATELL
EDUARDO LLOVERAS
ALFONS NIETO
JAUME SOLÀ
JOAN SOLÉ

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